Tenía camisa
verde y parecía un árbol de París. Sin embargo
hablaba, y más tarde aclaró que era alemán.
Se detuvo en la barra de Piano Café, en la Riviera Maya, y
bebió algunos martinis. Yo, detrás de la barra, ayudaba
lavando vasos (también barro el estacionamiento y limpio ceniceros,
claro) y recordaba que el martini siempre me ha parecido la bebida
de los tristes.
(Creo que el secreto está en la aceituna sumergida en el fondo,
ya que si observas bien tiene la postura de un pez. Un pez que sólo
se reproduce en los bares -se desarrollla en nostalgia, claro -. Ahí
están los tristes, con esa copa triste de un pez solitario
mirando, atrapado en el cristal que lo rodea
¿No será
que al comerse el pez martini tiene la magia de reproducir el sabor
de la boca amada
alejada
O preolvidada?).
Con todo y la sobrepoblación de bosque en sus ojos, él
escuchaba absorto las canciones de Maycol y Lilián, que se
presentan tres meses del año en ese precioso restaurante
Maycol y
Lilián
En el restaurante - Bar Piano Café
Entre Puerto Morelos y Playa del Carmen - Maroma
Reservaciones: 8 72 82 47
Después
de algunas sonrisas repartidas, me preguntó si yo hablaba alemán.
Le dije, en pésimo inglés, que por el momento no podía
hablar alemán, porque me mareaba. Pero como yo no sabía
-y todavía no sé - cómo se dice "mareo"
en inglés, le dibujé una persona mareada, deteniéndose
la cabeza con dos manos. Acordándome de esa frase fascinante
que dice "Si no puedes convencer, confunde". Mas, como tampoco
sé dibujar, parecía una maceta. Entonces él agregó
a mi dibujo, sobre la cabeza, una planta con flores. Woderful.
Magnoliadentro
Foto de David Skipp
Y así empezó
un diálogo de comunicación profunda a través
de servilletas y tarjetas a la mano. Todo lo que yo dibujaba, el hombre
alemán respondía con otro dibujo que, por supuesto,
no tenía nada qué ver.
De pronto Maycol empezó a cantar algo nostálgico y romántico
que habla de una mujer que se fue pasando y el seudoárbol alemán,
aunque parecía francés, quedó pasmado de algo
que parecía tristeza contundente (en cualquier idioma).

Old
Factory
Foto de David Skipp
Y
me acordé de Rilke
¿Dónde hay para este adentro
un afuera?
¿Sobre qué dolor
se tiende un lienzo así?
Entonces yo le pinté un policía marcando el alto con
la mano, mas al ver el dibujo me preguntó ¿Auf wiedersehen?
--¿Of, what?
-- Bye?
-- ¿Bye, in Germany?
Después de diez minutos, entendí que Auf wiedersehen
se dice "adiós" en Alemán. Y me preocupé
muchísimo por los alemanes, porque decir adiós es complicadísimo,
y enorme bosque de ramas secas. Tristísima frase que te puede
oxidar varias tardes al terminar de pronunciarla.

WaterTank
Foto de David Skipp
Para mí
sería más fácil tomar un avión y beber
martinis en el Caribe, sí, antes de dejar atorado en el "sehen"
un pedazo de domingo. Alguna de mis hojas, no sé.
"Yes, auf wiederhesen", repitió, señalándome
en el aire la canción que le robó el espíritu
y que evidenciaba su condición de árbol. Definitivamente.
Nos despedimos a las dos horas y media de diálogo intenso.
Él se llevó sus servilletas de dibujos. Yo, la palabra
Auf wiedersehen. Que vale muchísimo.
A veces, los sábados, si no están mi jefes (shhhhh!)
pido un martini en Piano Café. Y cuando Maycol canta esa canción
tan emotiva, me imagino a mi amigo árbol plantado en un parque
de Helderberg, inmóvil, dejando pasar a una mujer alemana que
quizás se llama Magrite. O quizás no.
¿Habrá nieve sobre él en este momento?, me pregunto.
¿Aprendería a dibujar la soledad sobre sus noches?
Y así imaginando repito despacito, como un homenaje, y un lamento,
por los árboles del mundo que dejan pasar el amor
Auf wiedersehen
Auf wiedersehen
Auf wiedersehen

Fog
Foto
de David Skipp