Dejar que se vaya
"Sólo
el que ama vuela"
(Miguel Hernández)
A veces a uno lo
amedren ta la distancia.
Eso me pasó anoche; ella entró y me rodeó. La vi
de frente. Amordazó mis sentidos con una enorme carcajada de
ausencia. De hecho, desde hace varios días había estado
asomando por la ventana de mis noches. Ausencia, distancia, dejar ir.
Por todos lados aparecen esos sonidos. Y me han tomado.
Personas alrededor
me han hecho pensar en eso de irse y dejar que se vaya. Dos cartas significativas
me pusieron en alerta. La primera, de un querido amigo al que su novia
ha dejado, por decidir ésta estudiar en un país lejano,
no sin antes prometer que regresará en un año. Un año
son 365 días de cambio, si tomamos como base la teoría
fascinante de Álvaro Mutis: "Todos los días las personas
de nuestro alrededor cambian, y no nos damos cuenta de que nosotros
también; quizá en eso consiste lo que los hombres llaman
soledad". El cambio de una persona junto a otra puede ser entonces
como una adaptación cotidiana, mas, cuando los cambios ocurren
por separado, en muchas ocasiones lo hacen en sentidos tan opuestos
que las promesas se vuelven obsoletas. Mi amigo dice que su novia "le
prometió volver en un año". ¡Sopas! (¿Y
te dio el número de vuelo?) Eso me hace pensar en la canción
de Penélope del gran Serrat, cuando después de tanto esperar
ella "en su banco de pino verde" el regreso de su amor, al
verlo lo único que le dice es "Tú no eres quien yo
espero".
Además, ¿para qué prometer? ¿Qué
pasa con las promesas y los juramentos cuando una de las dos partes
cambia de opinión? ¿Cumplen porque "es una promesa"
o por un acto de voluntad, de sentimiento? En el primer caso, ¿no
suena espantoso? ¿Egoísta, salvaje y horrible? No sé,
tal vez la luna llena (¿o no hay en estos días?) me confunde
más de lo normal, pero creo que en algunas ocasiones las promesas
y juramentos atentan contra la libertad del ser humano, y por lo tanto
deben ser abolidas especialmente durante las despedidas. Dos maneras
hay de ver un adiós: como un final o como un principio. Y claro
que se dan igualmente los reencuentros felices. Pero, mejor esperar
que el tiempo pase, y a ver qué trae.
Y en esos cuestionamientos andaba cuando recibí la segunda carta,
esta vez de Gerardo Rod, quien, hablando de sus novelas, tocó
el tema de una manera que coincide precisamente con lo que siento:
"Y lo más seguro es el adiós, no hay de otra, hay
que
tener almidonado el pañuelito blanco
levantar la mano y
agitarla
en ese gesto de despedida que es tan semejante al
gesto del que borra, y emplear la misma fuerza en retener que en soltar
Elaborar cada nuevo adiós no dejando un beso en la herida sino
haciendo de esa herida un último y hermoso beso; el beso monstruoso
que da el corazón a aquello que devora sólo porque no
lo comprende
Pero ya llegará el día en el que haya
una sabiduría de adioses
"
Se alejan los amores,
parten los amigos. Las personas se van en forma física o sólo
espiritual (o de las dos maneras, o de una sola de ellas, y así
con variaciones sobre el tema), pero no las dejamos ir. Es algo así
como atarles un pedazo de espíritu. Entendemos que se van, pero
no sabemos cómo liberarles el alma. "Porque no tenemos un
lenguaje para los finales,/ para la caída del amor,/ para los
concentrados laberintos de la agonía,/ para el amordazado escándalo/
de los hundimientos irrevocables", en palabras de Roberto Juarroz.
Anoche hablé
nuevamente con ese amigo triste, amigo que a su vez está lejos
de mí, en otro país. A media plática se cortó
el crédito del teléfono; gasté 100 pesos por 5minutos.
Fue entonces cuando la distancia -parada frente a mí -soltó
una carcajada, luego se sintió levemente apenada y con un rebozo
se cubrió la boca. Pero le vi los ojos. Y me hirió su
mirada.
Todo parece ser
un encadenamiento de dejar que se vaya. Yo dejo, tú dejas, nosotros
dejamos. O deberíamos, al menos. Difícil arte que engrandece
la libertad y aumenta tonos a los crepúsculos morados y al sonido
del viento sobre las hojas secas.
Ojalá un día aprendamos a dejar volar, fuera de posesiones.
Sin explicaciones ni promesas ni rencores. Creo que en eso consiste
el amor. También.
Un poeta español,
Ramón Gómez, dijo algo que hoy llega y toca, algo como
que "Las gaviotas nacen de los pañuelos que dicen adiós
en los puertos". Siento que es una manera positiva de sentir los
adioses. Provocar gaviotas, qué cosa tan linda
Bienaventurados
los que saben dejar que se vaya.
Suavemente.
Bienaventurados.
"No somos nosotros"
Foto de: Michele Moreno
¿Quién es Michele Moreno y quién
es La Correísta?
Textos Voladores No Identificados
- De Michele Moreno
Preguntas
y teorías sobre cosas importantísimas de la vida - De La Correísta
Ligas, links,
o quizá sólo mares de olas que llegan, y quedan.
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