La Correísta es
un personaje publicitario que nació en la Casa de la Cultura
de Cancún en el año de 1999, redactando anuncios culturales
para un directorio electrónico. Actualmente sigue trabajando
(¿estás segura?) ahí junto al cristal de la ventana
que la separa del viento y de Paula Viuda, mariposa, amarilla y ácrata,
que pasa y dice. Así, cada día redacta un anuncio de
la actividad próxima, y lo envía a un directorio de
aproximadamente 1000 personas. Es decir, en poco más de cinco
años ha enviado alrededor de, ¿cuántos serán?
Pues a ver
365 días del año
pero de los
cuales ha trabajado como 300
x 5
¿son 1,500 ó
15,000?
De cualquier manera, me hubiera gustado poner los mensajes favoritos,
pero no tengo ninguno guardado. Después de lanzarlos, son eliminados.
Flores efímeras, hojas del calendario que caen y mueren, como
cada día en este corto espacio que nos prestan. Como dice el
escritor favorito Eduardo Galeano "La memoria guardará
la que valga la pena". (¿Nada más? Eso no es muy
prometedor para mí
¡Reflautas!). La frase favorita:
"La vida es corta, y la nave va
"
Michele Moreno y La Correísta son pero no son la misma persona,
aunque se parecen. De cualquier forma, las dos pertenecen a los que
no van a ningún lado
(eso lo tenemos clarísimo).
"Nosotros, los que no vamos a ningún lado, nos conformamos
con andar la luna.
A veces lo hacemos con los ojos cerrados porque, de esta manera, es
más emocionante ir sintiendo su redondez y textura. Vamos adivinando
las subidas y declives, nuestros pies se hunden y el espíritu
sonríe. No tenemos miedo de caernos. Los otros, los del itinerario,
se regocijan cuando alguno cae. Hemos observado sus ritos de placer:
suelen reunirse, casi siempre a medir quién ha logrado más
metas y, mirando hacia la luna, se burlan de nosotros y se apenan
por nuestro desvarío e insensatez. Se les llena la boca de
frases célebres y malos augurios y, muchas veces lo he pensado,
quizá su energía negativa es la que ha causado la caída
de alguno de nosotros. Lo ven que viene cayendo y no hacen nada por
evitarlo pues, una vez estrellado, será prueba irrefutable
de que el mundo de los que tienen la ruta trazada y a mano el calendario,
es el correcto.
Nosotros, los que no vamos
a ningún lado, no somos esclavos del reloj.
Lo que tenemos que hacer nos lo recuerda el corazón, como proclamó
el camarada Facundo. Podemos contemplar un atardecer hasta que se
apaga para luego presagiar las estrellas una a una. Emborracharnos
de melancolía, involucrarnos con una canción hasta domesticarla,
viajar a las profundidades oscuras que implican varias tazas de café
o dormir hasta que los sueños se desplomen. Trabajamos, sólo
cuando es necesario
Nos regocijamos o lloramos
hasta agotar existencias y tenemos mucho tiempo para perder, cuando
se trata de amor. Nuestro entretenimiento favorito es formar castillos
en el aire, de varios pisos, recovecos y colores; no importa lo que
tardemos; no tenemos prisa
Al fin de cuentas siempre
avanzamos porque, aunque no vamos, la vida nos lleva noche a día
"

Sin nombre
Imagen de: Eduardo Stein