Where were you, o sobre la muerte de Pedro.

Where were you when I was burned and broken
While the days slipped by from my window watching?
Where were you when I was hurt and I was helpless
Because the things you say and the things you do surround me?
While you were hanging yourself on someone else's words
Dying to believe in what you heard
I was staring straight into the shining sun

Lost in thought and lost in time
While the seeds of live and the seeds of change were planted

Outside the rain fell dark and slow
While I pondered on this dangerous but
I took a heavenly ride through one silence
I knew the moment had arrived
For killing the past and coming back to life

I took a heavenly ride trough our silence
I knew the waiting had begin
And headed straight... into the shining sun

Pink Floyd



Él tenía 22 años. Yo todavía 17 y muchos sueños. Me enamoré de él por su sonrisa derramada sin piedad. Me enamoré de él porque le gustaba la arena fría de la noche. Me enamoré de él y de cómo se quedaba mirando las luces de la torre de control del aeropuerto. Por eso me casé con él, a los tres meses de conocerlo. Amaba las plantas, y sólo por eso vivimos juntos dieciocho años.

Después giró el mundo y el mar se nos derramó encima. No pude encontrarlo entre las olas de los días y sin embargo… Sabía que estaba allí.

Éramos amigos. Por eso me subía a su camioneta y escuchábamos una y otra vez esa canción de Pink Floyd que tanto le gustaba.

Hace dos semanas estuvo aquí y cuando salió de la Galería y atravesó el jardín Amarte, yo me detuve en la puerta a mirar cómo se alejaba y el corazón se agitó. Qué guapo es, qué tipazo, qué lindas sus nuevas canas. ¿Por qué lo tuve que conocer hace veinte años y no en esta época de mi vida? Lo observé hasta que desapareció y sentí un rotundo dolor de espíritu, mientras regresaba a mi escritorio.

Nunca volví a verlo. Ni volveré.

En un accidente automovilístico, Pedro César Cristerna de la arena fría, con 43 años de edad y 7,000 ceibas, se murió. Y las noches crecieron. He andado todas las calles de Cancún y de la noche buscando la sombra de su sombra y de la mía y por eso tanta ausencia. Tanta respuesta faltando.

Quizás fue la misma oscuridad la que trajo a mi parque a una mariposa amarilla que me deja mensajes cada mañana que ayudan a sostener el sol, pedacitos de tarde de Isaías Lig:


"dile que a la muerte de pedro no puede darle entidad de ola que arrastra todo

dile que la muerte de pedro no es una extensión de su camino, ni un atajo"

Entre todo lo que queda, queda la convicción mandarina de ser combatiente por la felicidad cada nuevo amanecer. No importa el pan nuestro, sino la sonrisa completa. La vida se mueve todo el tiempo. La vida toda y su explosión de belleza diciendo "Nunca dejes de sentir".

"Creemos que la muerte de pedro no debe pasar por encima de tu vida, no debe pisotear tus flores.
no debe tener señorío sobre las hojas, las flores, las gotas.

no debes darle ese poder.

no a la muerte.

mira la tremenda fuerza de la vida."

El jardín de hoy todavía nos ilumina. Los árboles crecen cada noche y podemos sentirlo al tocarlos. Los helechos de pozo nos miran y sabemos que no todo está perdido. José María Zonta desde Costa Rica pasa las lámparas. Le doy un trago a mi café con gotas de sol y vuelvo a leer una y mil veces…

"dile que la muerte de pedro no le pertenece,
le afecta, claro, pero no le pertenece.
a ella le pertenece la vida."


A ella le pertenece la vida, repitió la correísta para no olvidarlo.

Diciembre de 2005, ¿cómo olvidarlo?




Foto de: Michele Moreno



¿Quién es Michele Moreno y quién es La Correísta?
Textos Voladores No Identificados - De Michele Moreno
Preguntas y teorías sobre cosas importantísimas de la vida - De La Correísta

Ligas, links, o quizá sólo mares de olas que llegan, y quedan.

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